martes, 19 de enero de 2016

PRIMEROS ASENTAMIENTOS

"...a esa hora, la laguna Loreto
espejaba una procesión de nubes
después que los juntos barrieran
el polvo de la últimas estrellas.”
“Crónicas de Malón y Espiga” M. Avalis


Por aquellos años de 1850, Buenos Aires era un hervidero de conflictos. Las luchas permanentes por el poder ponían en peligro la vida y los bienes de los habitantes de la ciudad. El orden impuesto por el terror, obligó a mucha gente a buscar refugio en la inmensidad de la pampa, escapándole a las hordas mazorqueras. Familias enteras buscaron resguardo en las inhóspitas llanuras pampeanas; muchos hombres entre los 16 y 50 años lo hacían para eludir el reclutamiento que había emprendido el gobierno central. En esas escapadas tomaban senderos hacia el sur de Buenos Aires o hacia Santa Fe, siguiendo el camino de la rastrillada que los conducía a las Provincias Cuyanas.

La llanura pampeana era tan desolada que a poco andar desalentaba a quienes, sin saber cómo sobrevivir en condiciones tan adversas, se soltaban a la audaz aventura. Muchos volvieron a sus orígenes vencidos; otros más intrépidos y jugados a su suerte, se establecían en zonas fronterizas, exponiéndose en el escenario de los avances indígenas que esporádicamente asolaban la región sureña de Buenos Aires.


Muy pocos fueron los que llegaron a la zona de "El Hinojo"; y los que lo lograron, lo hicieron con muchas penurias y avanzando muy lentamente por senderos sinuosos en carretas tiradas por bueyes, con algunas vacas que proveían leche, unas pocas gallinas y un par de macarrones lastimosos.  

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