martes, 19 de enero de 2016

EL SARGENTO BRADLEY

Según cuenta la historia, el joven Pat Bradley también abandonó el apostadero cuando se retiraron las tropas regulares y jamás retornó a estos pagos. A principios del año siguiente fue reclutado por la milicia, cumpliendo servicios en diversos destinos. Había llegado al grado de Sargento del Ejército Regular cuando fue tomado prisionero el 26 julio de 1846 en Dolores, acusado con otros suboficiales de conspirar contra el Coronel Mariano Valle, de destacada actuación en las fronteras indígenas. El grupo fue detenido cuando intentaba incendiar la casa del militar y enviado a Santos Lugares con expresas órdenes de fusilamiento.

En el trayecto, y con la complicidad de uno de los guardias, ocho de los prisioneros se fugaron a caballo y armados, y por algún tiempo vagaron en permanente rotación. Para capturar a los desertores se designó al Teniente Julián Salinas, con veinticinco hombres a su mando. Al joven oficial le resultó fácil establecer el paradero de los fugitivos y a los pocos días les estaba pisando los talones; sin embargo cambió el rumbo y se alejó de ellos para darles la oportunidad de escapar de una muerte segura. La complicidad del Teniente era compartida por muchos de sus camaradas, que patrocinaban un cambio en las desquiciadas fuerzas militares.

Después de la derrota en Caseros, Juan Manuel de Rosas abandonó la gobernación y lentamente el poder central fue ordenando el caos enseñoreado por aquellos años. Una de las medidas tomadas por las nuevas autoridades fue decretar una amnistía general, que benefició a los inculpados. Algunos continuaron con sus fechorías, en tanto otros buscaron trabajo en las estancias y lograron establecerse,  blanqueando su deuda con la justicia.

Beneficiado por esta medida, Pat Bradley fue contratado por John Mac Donnell para trabajar en el campo que había adquirido en Guardia del Monte. Tres años más tarde, una tormenta lo sorprendió en medio del campo y un rayo terminó con su vida. Tenía 35 años. Su viuda, Teresa Cabrera, continuó trabajando en la estancia y logró que sus tres hijos se educaran bajo la tutela de la hija mayor de Mac Donnell, que posteriormente ingresó a la comunidad religiosa de las Hermanas de la Misericordia, llegando a ejercer la Superioridad de uno de los conventos.


Así fue la historia del primer “Patricio criollo” de nuestras pampas, que desde su nacimiento vivió la turbulencia de un país que buscaba el camino de su integración”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario