martes, 19 de enero de 2016

CAUTIVOS

“Entre pasto puna,
hinojal y cortaderas,
Riego de sangre y lluvia
sobre las marcas de las rastrilladas...”
“Crónicas de Malón y Espiga” M. Avalis


Muchos fueron los que pasaron por el apostadero para el recambio o para comer un bocado de locro o un trozo de carne, que siempre había. Allí vivía Francisca Agüero, una criolla que sufrió el cautiverio de una tribu indígena cuando arrasaron una colonia de emigrados franceses en el Departamento Rosario. Posteriormente Francisca fue rescatada por el Coronel Emilio Mitre en la batalla de la “Cañada de los Leones”. Entonces tenía con ella a un niño, al que llamó Gumersindo, y según su relato, era hijo de Mme. Valerie, una cautiva francesa, que años más tarde fue entregada en canje por el Cacique Coyhuapen y alojada en un convento franciscano de Córdoba. 


Para Mme. Valerie no fue fácil su readaptación, y con gran sigilo y persuasión, logró que un indio “manso” que merodeaba la zona, la llevara hasta la tribu donde estaban sus hijos. Según la visión de los frailes, la mujer -que había tenido dos vástagos con el Cacique- desesperadamente quería recuperarlos. Es muy probable que los haya encontrado y terminado sus días entre la indiada, porque nunca más volvió a unirse con Gumersindo.

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